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Um olhar sobre o Mundo

Porque há muito para ver... e claro, muito para contar

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Um olhar sobre o Mundo

13
Mar11

Fetichismo y ropa interior

olhar para o mundo
Robando.

Atención. Psicosis en el vestuario masculino de mi gimnasio. No por el manido tema del tamaño genital de los que allí nos damos cita. Ya sabéis, el llamado 'síndrome del vestuario'. No. Se trata de algo más surrealista: entre nosotros hay un ladrón de calzoncillos. Antes de continuar, me vais a permitir que introduzca un pequeño dato, para contextualizar más que nada.

 

A mí, mi madre me enseñó a recoger la ropa y no dejarla tirada por el suelo cuando me desvisto o me cambio. Por lo visto, algunas madres más abnegadas que la mía acostumbraban a ir recogiéndolo todo al paso de sus retoños, por lo que sus criaturas, una vez convertidas en hombres hechos y derechos, siguen desconociendo tan sencilla operación, señal inequívoca de pulcritud en aras de la convivencia con el resto de los seres humanos. Total, que son unos cerdos y algunos, en cuanto entran al vestuario después de sudar la gota gorda, se quitan la ropa como una stripper con convulsiones, dejando allí su montoncito de ropa esparcida, como si hubiera ocurrido un accidente y se los hubieran tenido que llevar de urgencias. Y no, simplemente se van a la ducha. No hace falta haber estudiado criminología para deducir que es en ese momento cuando probablemente actúa nuestro ladrón fetichista, al que el espectáculo de gayumbos, pantalones de deporte y camisetas de lycra sudadas tiradas por ahí se le debe representar como el mismo paraíso. Una tentación irrefrenable que culmina con el consabido hurto de tan personal prenda de vestir. Seguiré informando sobre el desarrollo de la historia, si me entero. Total, es un gimnasio muy grande, va mucha gente y he cazado la historia simplemente poniendo la oreja en un grupito de sorprendidos y desconcertados clientes, dos de ellos víctimas del robo. Ya. Parezco Jessica Fletcher. Sí, la vieja de 'Se ha escrito un crimen'. Pero no pienso mover ni un dedo para resolver el caso. Ya se apañarán. O que sean más ordenados, hombre.


La Disneylandia de un misofílico


Un misofílico anda suelto. Y no es el único. Al fin y al cabo estamos hablando de una de las parafilias más habituales, sobre todo en Japón. Consiste en excitarse sexualmente con olores fuertes procedentes, sobre todo, de ropa usada, especialmente la interior. Los que seáis un poco maniáticos o escrupulosos, tranquilos, no pienso abundar en detalles. No tengo intención de cortaros la digestión del actimel, el croissant o lo que sea que desayunéis. No sé, siempre me he hecho a la idea de que muchos leéis esto en ratos tontos durante la jornada laboral matutina. Simplemente diré que en el país del sol naciente este fetichismo ha alcanzado cotas de fenómeno social. De hecho, muchos jóvenes, sobre todo ellas, consiguen redondear sus ingresos mensuales poniendo a la venta su ropa interior usada. Para evitar desmanes, los japoneses, pueblo ordenado donde los haya, han creado un tipo de comercio llamado 'burusera' en el cual se pueden adquirir prendas usadas, con o sin foto de la antigua propietaria, envasadas en una bolsa de plástico. Hasta hace pocos años, existían máquinas expendedoras de braguitas usadas. Las autoridades niponas consideraron que la cosa ya se estaba yendo de madre y en la actualidad este trueque de dinero por braguitas y otras prendas usadas sólo se da en ámbito de las tiendas 'burusera', de las que ya hemos hablado, o en anuncios de contactos. Sí, están fatal. Y que me perdone si hay algún misofílico en la sala, pero esto de institucionalizar algo tan privado como una parafilia, le quita la gracia al asunto.

 

Aunque tampoco es bueno caer en la delincuencia, como el roba-calzoncillos de mi gimnasio. A lo mejor termina como este ciudadano japonés, al que la policía detuvo por haber robado 440 pares izquierdos de zapato de mujer. No se sabe por qué desdeñaba los zapatos del pie derecho.

Quizás nos encontramos ante un nuevo fetichismo, más sofisticado.

 

Via Cama Redonda

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